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Del Abuso a la Esperanza

Celeste, de 18 años, esta estudiando para ser abogada. Pero cuando tenia 15, se entregó a un juez para ser admitida a un orfanatorio del gobierno. Era su única oportunidad de recibir una educación.

“No pasaba ni un día en que mi mamá no me golpeaba,†ella contó, diciendo que su mamá la forzó a salirse de la escuela para que ayudarla a mantener la familia. “Hasta cuando no hacia nada para merecer sus golpes, me pegaba con cajas de leche, machetes y hasta me mordía a veces. Me decía que si le contaba a alguien del abuso, que me iba a mandar a un centro de detención juvenil.â€

Entonces Celeste mantuvo el silencio. Hasta el 4 de octubre del 2003—el cumpleaños de su hermano—cuando ella huiría de su hogar después de otro episodio de abuso.

“Cuando salí de mi casa corriendo, ni tan siquiera tenia zapatos,†Celeste dijo con ojos llorosos. “Estaba llena de moretones y traía una falda larga y una blusa larga para cubrir los golpes.â€

Fui a ver al abogado cinco veces, ella dijo, pero “nadie en mi familia me quería porque mi mamá les había dicho que era mala, rebelde. Sabía que no podía regresar a mi casa porque mi mamá no me dejaría estudiar. Entonces le dije al juez que prefería ir a un orfanatorio.â€

Celeste pasó casi cinco años en Manchen, un hogar de niñas en Antigua, donde los empleados que la cuidaban siempre la describían como una niña buena.

“Aprendí pronto que lo mejor era obedecer,†ella dijo. “Después, gracias a que me fue bien en la escuela, pude venir aquí (un hogar de transición).

“Ahora puedo confiar en Dios,†ella dijo. “Yo creo en el. Yo se que, porque he pasado por tanto, Dios me va a bendecir. Y lo ha hecho. Tengo una casa, comida, amigas, la oportunidad de estudiar—no me falta nada. Si todo me va bien, iré a la universidad y tendré una carrera porque hubo personas aquí que me ayudaron.

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