Del Abuso a la Esperanza
Jul 9, 2010
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Celeste, de 18 años, esta estudiando para ser abogada. Pero cuando tenia 15, se entregó a un juez para ser admitida a un orfanatorio del gobierno. Era su única oportunidad de recibir una educación.
“No pasaba ni un dÃa en que mi mamá no me golpeaba,†ella contó, diciendo que su mamá la forzó a salirse de la escuela para que ayudarla a mantener la familia. “Hasta cuando no hacia nada para merecer sus golpes, me pegaba con cajas de leche, machetes y hasta me mordÃa a veces. Me decÃa que si le contaba a alguien del abuso, que me iba a mandar a un centro de detención juvenil.â€
Entonces Celeste mantuvo el silencio. Hasta el 4 de octubre del 2003—el cumpleaños de su hermano—cuando ella huirÃa de su hogar después de otro episodio de abuso.
“Cuando salà de mi casa corriendo, ni tan siquiera tenia zapatos,†Celeste dijo con ojos llorosos. “Estaba llena de moretones y traÃa una falda larga y una blusa larga para cubrir los golpes.â€
Fui a ver al abogado cinco veces, ella dijo, pero “nadie en mi familia me querÃa porque mi mamá les habÃa dicho que era mala, rebelde. SabÃa que no podÃa regresar a mi casa porque mi mamá no me dejarÃa estudiar. Entonces le dije al juez que preferÃa ir a un orfanatorio.â€
Celeste pasó casi cinco años en Manchen, un hogar de niñas en Antigua, donde los empleados que la cuidaban siempre la describÃan como una niña buena.
“Aprendà pronto que lo mejor era obedecer,†ella dijo. “Después, gracias a que me fue bien en la escuela, pude venir aquà (un hogar de transición).
“Ahora puedo confiar en Dios,†ella dijo. “Yo creo en el. Yo se que, porque he pasado por tanto, Dios me va a bendecir. Y lo ha hecho. Tengo una casa, comida, amigas, la oportunidad de estudiar—no me falta nada. Si todo me va bien, iré a la universidad y tendré una carrera porque hubo personas aquà que me ayudaron.
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